Pañales

Contratapas 18 de abril de 2018 Por
Contratapa de la edición impresa de La Tribuna del Sur, sábado 14 de abril de 2018.
PÑAL

Hace como un año que no nos encontramos por acá, y ya es hora de dar por terminado el año sabático de contratapas. Así que vuelvo a la bandeja de entrada de mi correo electrónico que, demás está decir, se llenó de men-sajes. Por supuesto es imposible responder a todos, por lo que busco algún denominador común. No es difícil, la mayoría comenta la realidad política y pide respuestas, otros me gastan mal. Pienso entonces como responder y la verdad, no le encuentro la vuelta. Me queda el último recurso. Es temprano pero voy a probar, a lo mejor mi sicólogo me atiende de urgencia.
La salita de espera está desierta, raro porque son las diez de la mañana. La secretaria rubia me mira con asombro. “Tanto tiempo Hache, ¿qué hacés por acá?”. Le cuento que tengo un problema y necesito una sesión urgente. Me dice que vuelva a la tar-de, porque el doc ahora solo atiende medio día. “Cayó la demanda, locos pero secos, viste...”, explica. Insisto con que es urgente, le ruego que lo llame. No hay caso. La rubia se da cuenta que me está por aga-rrar un ataque de pánico y se compadece. “Mirá Hache, no es por nada, pero vos sabés que yo tengo años en esto..., si querés contáme, a lo mejor te puedo ayudar”.
Y bueno, pienso, perdido por perdido... Ella se acomoda en una silla al lado mío y se inclina para susurrarme en tono intimista, “dale, largá todo, soy una tumba, secreto profesional”. Está bien, le contesto corriendo mi silla unos centímetros, disculpame pero el escote me desconcentra. Sonríe coqueta y se pone derechita contra el respaldo; “dale, hablá”.

Trato de sintetizarle los motivos de mi crisis. Le cuento que los lectores me piden explicaciones sobre la situación política. Los que son del palo quieren saber por qué perdemos tan seguido, los otros me toman el pelo, me humillan, se ríen de mi desgracia. Mientras hablo ella anota en una libretita, parece que se toma muy en serio la cosa. Levanta la vista y me mira igual que mi sicólogo cuando tiene la precisa.
“Ayyyy Hache, vos te ahogás en un vaso de agua, no entendés nada. Sos un caso de libro, tu problema tiene que ver con una cuestión generacional, la etapa anal, digamos....”, me dice con gesto serio. Sonamos, había pensado en muchas cosas menos en eso. Le pido que me explique.
“Está clarito Hache, ¿no te diste cuenta que ustedes los peronchos pierden contra candidatos jóvenes? Tipos simpáticos, cancheros, siempre con una sonrisa aunque te estén avisando que el gas sube el cien por ciento. Estos pibes fueron criados con pañales descartables, Hache. A ustedes, por la edad o por presupuesto, los criaron con pañales de tela y bombacha de goma...”, dictamina dando golpecitos con la birome sobre el anotador. Me quedo pensando mientras ella sigue con las anotaciones. después de unos segundos de silencio, le digo que no le encuentro la relación.
“Me extraña Hache, estamos en la era digital, las comunicaciones, la realidad líquida, todo es imagen, trasmisión de sensaciones, ¿no te suena lo de la revolución de la alegría? No me digas que no te das cuenta. O te creés que después de bancarte los pañales de tela y la bombacha de goma, vos tenés la misma cara que un tipo que disfrutó los descartables, siempre cómodo y sequito... Y ni hablar de tus compañeros más viejos, que además los fajaban desde los hombros hasta los talones. Imagen Hache, sonrisa, sentido del humor, cara de fiesta aunque nadie llegue a fin de mes... Ya no se usa votar un candidato con cara de en-culado”, listo, pasemos a otra cosa.
Me quedo paralizado, ¿esta piba me toma el pelo o es una genia? La cabeza me funciona a mil y ella se da cuenta. “Bueno, trabajalo para el sábado que viene... Ahora decime una cosa, vos que tenés conocidos en todos lados. ¿Me podrías averiguar como se hace para tener una ofsor? Está tan de moda, viste... Imaginate en la peluquería cuando les cuente. A ver, ya te digo”, y se pone los anteojos para leer las anotaciones en la libretita. “Serían unos cinco mil pesos, en Panamá no porque está como gastado, en las Islas Caimán me gustaría; dale, averiguame y no me debés nada...”, me ruega cerrando la libretita.

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