Algo huele mal en Rosario

A la guerra narco se sumaron balaceras a escuelas y estaciones de servicio; y ahora atentados «interclubes».
ZZZZINEND

El pasado domingo (jornada electoral), fue destruida en Rosario la estatua del fundador de Newells Old Boys. En la madrugada de ayer miércoles fue atacada e incendiada una subsede de Rosario Central sobre calle Mitre (foto), pleno centro rosarino. Temiendo una escalada de violencia, la policía santafesina reforzó la  vigilancia en las sedes centrales de ambas instituciones deportivas.
El ministro de Seguridad provincial, Jorge Lagna,  se reunió ayer con los directivos de los dos clubes más importantes de Rosario, acordando conformar una «mesa de trabajo conjunto», para abordar la problemática de la violencia que recrudeció desde el fin de semana. «Generamos una mesa de trabajo común, que trasciende la seguridad de cada cancha y los operativos de cada partido», dijo el ministro Lagna.
Pero la violencia en Rosario excede largamente el enfrentamiento entre «leprosos» y «canallas» (si es que de eso se trata). Desde hace algunas semanas ocurrieron en esa ciudad, episodios violentos de extraña apariencia. Además de la ya casi naturalizada guerra entre narcos que día a día deja cadáveres en las calles, pasaron otras cosas que «huelen mal». Fueron baleadas estaciones de servicio, a tal punto que por unos días los estacioneros decidieron  no abrir por las noches. Otras balaceras, poco difundidas por los medios, ocurrieron contra escuelas públicas, una en Cafferata al 4000 y otra en Magnano al 6300.
«Algo hace ruido» en la ola de violencia que azota Rosario, y es necesario hacer un esfuerzo imaginativo para pensar que la coincidencia de hechos en tan corto lapso de tiempo, es «casual».  

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