Padre Iván: "No soy un cura sanador..."

Sociedad 13/03/2017 Por La Tribuna del Sur
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Son pasadas las 5 de la tarde. Tarde de sol y calorcito extraño para marzo en Rufino. Toco timbre en la casa parroquial junto a la entrada de la Stma. Trinidad y me atiende el padre Diego. Lo saludo y le pregunto por el Padre Iván. «Ahí anda, por la plaza.., mirá, está sentado en aquel árbol...», me responde.
Me acerco y veo que Iván está hablando por su celular. Hace señas de que espere un rato. Me siento en un banco de la plaza y cuando veo que el curita termina la conversación por el celu, me levanto y los saludo. El camina unos pasos y se sienta en el banco, al lado mío. Me presento. Le digo que me interesa hacerle una nota.

El cura Iván tiene pinta de profesor de literatura. Me mira desde atrás de sus anteojos de profe y sonríe. Tiene una sonrisa grande y franca.
- «Esto de una nota para el diario no me convence mucho...», me dice.
- Pero la gente dice que sos un cura sanador..., ¿es así..., te considerás eso? -le pregunto.
- «No, yo no lo veo de esa manera, yo simplemente rezo..., es así de simple. Me venís a ver vos, me decís ´mirá Iván, mi abuela está enferma´. Y yo rezo..., todo lo demás lo hace Dios... Yo solamente rezo y eso es todo... No hay nada raro».
- Pero algunos me han contado que vos los tocás y si están mal, se empiezan a sentir bien. ¿Hacés imposición de manos, trasmitís algo, alguna energía?
Antes de responder vuelve a sonreír. Y contesta agitando las manos, casi se diría que con entusiasmo.
- «Sí, puede decirse que sí, pero lo de las manos es un gesto bíblico, nada más que un gesto. Te repito, lo que yo hago es nada más que rezar, pedir a Dios. Es nada más que eso. Jesucristo dijo ´pidan y se les dará´. Yo le pido a Dios, pero también podés pedir vos, cualquiera puede rezar y pedir...».
- Que pida yo, no debe ser lo mismo que si pedís vos. Sos cura, supongo que tenés mejor llegada. Si me permitís la metáfora, tu pedido debe llegar con más volumen allá arriba...
- «No, estás equivocado. Todos somos escuchados allá arriba, como decís, de la misma manera. Es más, te cuento que hay gente que me viene a ver, y yo les digo que vayan a rezar todos los días. Que pidan todos los días, porque van a ser escuchados. Mirá, es como un auto, vos lo llevás al mecánico recién cuando se rompió algo... Y no debe ser así, hay que llevarlo más seguido para que lo mantengan en condiciones... Y no solamente cuando se le rompe algo...».
- Entiendo, pero vos sos consciente de que algunos hablan de vos como si fueras una especie de mago, o brujo...
- «No, no me gusta eso de brujerías y esas cosas. Yo simplemente rezo, pido. Y les digo a los que me vienen a ver que hagan lo mismo. Si todos rezaran, si todos le pedirían a Dios, todos estaríamos mejor».
«Es solamente eso, no hay nada raro, ni brujerías ni cosas extrañas... Cuando hagas la nota acordate de poner esto, ´pidan y se les dará´... Es eso y no hay ningún secreto. Que Dios te bendiga...».
Antes de despedirse, me cuenta de los Sábados de Bendición» en barrio El Trompezón.
- «Bendecimos cosas, nos juntamos en el Hogar de Día y bendecimos la sal, el agua, muchas cosas. Y damos la merienda. Durante la semana misio-namos en el barrio con un grupo de jóvenes. Nos juntamos a rezar, a pedirle a Dios».
Con su pinta de profe de literatura, el Padre Iván se despide con un apretón de manos. En mi cabeza de agnóstico racionalista, su explicación no me cierra del todo. Le agradezco la bendición y pienso que al fin y al cabo es una explicación, de boca del cura a quien la gente va a ver para que se alivien sus males. No es poca cosa eso.

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