Personajes: El que te deja pintado

Sociedad 21/03/2017 Por La Tribuna del Sur
Max Giúdice, el tatuador
Giudice

Pintar el cuerpo de una persona no es un oficio cualquiera. Pintar un cuerpo es cambiarlo, modificar su apariencia. Y la apariencia, tiene bastante que ver con la identidad de cada uno ante los demás. Buscamos a alguien que en Rufino tenga ese oficio. Y lo encontramos en la Galería Hispano. «Max Tatoo», dicen las letras pintadas en el vidrio.
El tatuador es Maximiliano Giúdice, Max. Un flaco de 28 años que junto a un sillón, una camilla, artefactos electrónicos y paredes cubiertas con diseños multiformes y vario-pintos, charla con este cronista sobre su extraño oficio que, dice él, hoy ya no es tan extraño.

Max nació en Venado Tuerto, pero su familia es de Rufino y por eso se instaló acá. Pero eso ocurrió hace un par de años. Su profesión de tatuador se inició hace unos 5 años, como consecuencia de su inclinación por las artes plásticas, el dibujo y la pintura.
Por supuesto, para él un tatuaje no es solo un dibujito en el brazo o la espalda de una persona. «Una cosa es tener un tatuaje feo, hecho más o menos..., y otra cosa es tener una obra de arte en el cuerpo...», dice.
«Yo empecé hace unos 5 años, hice cursos pero esencialmente soy autodidacta. Primero me fui un verano a Las Grutas ayudando a otro tatuador, después me fui a Brasil y ahí a-prendí mucho... después a La Plata y hace dos años me vine a Rufino y puse este taller. Aprendí mucho trabajando con tatuadores de más experiencia», nos cuenta Max.
Le preguntamos como se compone su clientela en Rufino, quienes son los que eligen llevar un dibujo en el cuerpo.
«Es variada, tengo clientes de 15 o 16 años hasta 65 o 70, hay chicos que vienen con sus padres. La mayoría es gente joven..., pero también viene gente grande, el prejuicio que había con el tatuaje se invirtió...», responde.
Le pedimos que nos explique como es ese asunto del prejuicio invertido.
«Sí, antes se miraba raro a quien llevaba un tatuaje. Ahora no, es al revés, está bien visto. Por ejemplo las personas mayores se tatúan porque les gusta, pero también porque un tatuaje te pone onda...».
Haciendo gala de nuestra ignorancia, le preguntamos si es cierto que duele hacerse un tatuaje.
«Eso es relativo, porque cada persona tiene su umbral de dolor. El mismo tatuaje en el mismo lugar, puede dolerle a alguien y a otro no», explica.
¿Y que te piden tus clientes que les tatúes, qué es lo que más demandan?
«La mayoría pide el tatuaje comercial, el nombre de alguien, la mariposa, la estrella... Comercialmente es lo que más deja, porque son trabajos rápidos y simples, y se cobran entre 300 y 500 pesos. Pero hay otros clientes que vienen por cosas más elaboradas, trabajos que pueden llevarte cuatro horas o más, esos se cobran alrededor de 1.500 pesos».
¿Eso es lo que más te gusta hacer?
«Sí, claro... Pero esto es como en todos los trabajos, a veces tenés que hacer cosas que no te entusiasman, y otras veces sí, es un laburo como cualquiera...». «Por ahí viene gente con un tatuaje mal hecho, que le hicieron en otro lado, y te pide que se lo arregles. Y bueno... hay veces que se puede arreglar... Y otras veces no se puede, hay que tapar ese tatuaje mal hecho con otro...», explica.
¿Vos tenés un estilo en particular, algo en lo que te especializás?, inquirimos.
«A mí lo que más me gusta, mi estilo preferido digamos, es el neotradicional, que es el tradicional americano pero mejorado, colores básicos y buen diseño. Hay muchos estilos, el tradicional japonés por ejemplo».
¿Cómo se hace un tatuaje, como es el proceso desde que entra el cliente y te pide algo?
«Sí, primero se charla con el cliente para ver que es lo que quiere. Después se hace el diseño en papel y se hace el transfer. Es decir, se transfiere el dibujo a la piel. Ahí se ve si a la persona le gusta el lugar, el tamaño. Y si está de acuerdo, se empieza el trabajo de tatuado», responde.
¿Y hay que cuidar mucho el tema de la esterilización, las herramientas que usas?
«Es muy importante eso, soy muy cuidadoso y acá tengo un horno esterilizador, se usa material descartable también y mucha herramienta importada, de la mejor calidad, hay que tener garantizado eso».
Una última pregunta, ¿alguna vez vino alguien y te dijo ´max, tatuame lo que quieras, lo que a vos te guste´?
«Sí, me pasó y es lo que más me gusta porque te da espacio para la creatividad, que te pongan el cuerpo como si fuera un lienzo, como es el lienzo para un pintor que ahí puede expresarse con libertad y hacer una obra de arte...». «Como te decía, no es lo mismo llevar un tatuaje cualquiera, que tener una obra de arte en el cuerpo...», concluye Max Giúdice.

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