HISTORIAS & LUGARES: La carnicería de "Los Guerrero"

Sociedad 05/04/2017 Por La Tribuna del Sur
Una de las carnicerías más antiguas de la ciudad, encierra la historia de una familia de inmigrantes que llegó a Rufino a principios del siglo pasado.
GUERREROS

En Remedios de Escalada casi Bv. 9 de Julio del barrio Gral. San Martín, está la carnicería de los Guerrero. Junto con la del Cholito Urquiza, dicen Héctor (64) y Rubén (52) Guerrero, es la carnicería más antigua de la ciudad. Pero la de los Guerrero estuvo siempre en el mismo sitio, en esa esquina del barrio San Martín con vista privilegiada a las vías del ferrocarril y al paso a nivel. La historia de esa esquina, comprendo después de unos minutos de charla con los hermanos Guerrero, es también la historia de ellos y su familia.
Los Guerrero, especialmente Rubén, son dos tipos apegados a la tradición familiar y celosos guardianes de esa historia que, sin duda, tiene como figura central a su padre, don Manuel.

Don Manuel Guerrero, hijo de un inmigrante español que había llegado a Rufino en 1918, era sin dudas un personaje especial. Emprendedor y hasta temerario en su actividad comercial, no le esquivaba el bulto a nada y no bajaba los brazos ante ningún contratiempo. Se daba maña para todo y, cuentan Rubén y Héctor, de una situación económicamente catastrófica, casi por casualidad, nació la carnicería de los Guerrero.
Preguntarle a los hermanos Guerrero sobre el origen de la carnicería, es dar pie para que cuenten una historia que empieza en las primeras décadas del siglo pasado, cuando su abuelo (también Manuel, como el padre), puso un almacén de ramos generales en la misma esquina de los Guerrero de Remedios de Escalada y 9 de Julio.
«Mi viejo pasó del almacén y bazar a ser distribuidor de combustibles en toda la región. Entre 1970 y 1980 tuvimos la estación de servicio Esso en Yri-goyen y San Juan. Y ahí compró camiones para distribuir combustible. Los camiones iban a Cañada seca, Santa Eleodora, Del Campillo, Huinca, Pueblo Italiano, toda la zona... Las oficinas estaban acá, en esta esquina, donde también se vendían materiales para la construcción...», cuenta Héctor.
En el año 1981 la distribuidora de combustibles se fundió. Y los Guerrero se quedaron sólo con la venta de materiales para la construcción.
«A principios del 81 estábamos fundidos. Mi viejo se pe-leaba con un abogado cada cinco minutos. Algo se hacía con la venta de materiales, pero la cosa no daba para más... hasta que un día nos regalaron dos lechones grandes, dos capones...», relata Rubén. Y es allí donde arranca la historia de la carnicería. «Cuando nos regalaron los lechones llamamos a mis tíos de Alberdi, que sabían facturar. Mi viejo puso un tirante y los colgó acá mismo, los carneamos acá con mis tíos. Le compramos una media res a Marú, que recién empezaba, para mezclar. Y entonces hicimos una cantidad de chorizos, morcillas, codeguines.., de todo. Era mucha cantidad y empezamos a regalarlos a los parientes, a los amigos, a los vecinos. Tuvieron un éxito bárbaro, todos venían a decirnos que estaban riquísimos y a pedirnos que hiciéramos más..», cuentan los Guerrero.
«Después de eso, mi viejo se levantó un día de la siesta y nos dijo, ´vamos a poner una carnicería, tenemos la heladera que quedó del almacén´, él pensaba cuando hacía la siesta, y siempre se levantaba con alguna idea. A la semana ya había acomodado este lugar. Contratamos un carnicero, porque nosotros no sabíamos nada del tema. Y el 1 de junio del 81 abrimos la carnicería», recuerdan ambos.
Los Guerrero contrataron un carnicero, Manolo Zapata. «El mejor carnicero que había en Rufino, lejos..», subraya Rubén. Y cuenta que Manolo era un obsesivo de la limpieza, los detalles y sobre todo de la puntualidad.
«Manolo venía a las seis en punto de la mañana y abría la carnicería. Una mañana yo vengo a eso de las siete, y veo el jeep de Manolo estacionado del otro lado del paso a nivel, en calle Roca. Y le pregunté qué había pasado. Resulta que a las seis menos cinco pasó un tren y demoraban en levantar la barrera...., entonces dejó el auto ahí y se vino caminando, para no abrir cinco minutos tarde..... ¿podés creer?», relata Héctor con una sonrisa.
La carnicería de los Guerrero evolucionó con éxito durante los años 80. A los pocos años ya era una de las 3 carnicerías de la ciudad con más ventas. «Eramos ocho personas trabajando acá, mi viejo, mi vieja, nosotros dos y cuatro empleados. Los sábados se atendía a unas 120 personas y había que sacar número...», cuentan.
La actividad de la carnicería, reflexionan los hermanos Guerrero, comenzó a decaer a partir de la crisis económica de los años 90 y los cambios en los hábitos alimenticios.
«Son varios factores, en los 80 se consumían unos 85 kilos de carne per cápita al año, ahora no llegan a 50. La carne de vaca se reemplazó por el pollo, que es más barato. Además como la cosa se puso fea, en una familia trabajan los dos, y se cocina menos, se compra comida hecha. Tampoco la carne es la misma, tiene otro sabor, es difícil encontrar un animal criado a campo. Y después está el tema de consumir más verduras, el cambio de hábitos... El doctor Cormillot es el enemigo número uno de los carniceros », dicen los Guerrero, y se ríen.

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