El día que murió el General

Sociedad 01/07/2020 Por La Tribuna del Sur
Un relato de Eduardo «Pipi» Scazzino para La Tribuna del Sur; una "cuarentena" en Laboulaye y la muerte de Juan Domingo Perón.
PPPPERON

Epidemia de escarlatina en el internado de la ENET Nro 1 de Laboulaye. El médico, Caciabue, decreta todos los internos a sus casas, se suspenden las clases, los contagiados, me incluyo, llenos de granitos uno al lado de otro, en cuarentena. Aislados en la sala de juegos del internado (ping pong y billar gol) y las camas cuchetas en el lugar. Nueve o diez en esa condición. Los "externos", los pibes que vivían en el pueblo, el Chueco Gerardo Risatti, el Mate Gustavo Gómez y otros alcanzando los puchos, escasos e inconseguibles (Embajadores Ventil y Particulares 30 jugaban en primera). Los cuarenteneados en la gloria. Puchos, juegos, dormidas y siestas laaargas, sin clases y excelentes morfis. Y sin los viejos cerca (fue, es y será así pa los adolescentes). Nada que ver, lo del morfi, como en épocas normales dónde hasta se tuvo que tomar el internado (encabezado por los de sexto año a las once de la noche) porque el Ecónomo, un tal Yoliti, nos quiso pasar fideos con gorgojos, entre otros delicatessen. Y varias veces en la semana. Todo seguía normal. Hasta que un día, como el sexto o séptimo, el cocinero, el Cacho Artaza, creo que peronista hasta las pelotas a juzgar por sus ojos con lágrimas, abrió la puerta del bunquer cuarenteneado y nos dijo de una, chicos, se murió el General, esto se va a la mierda. A los de sexto, había dos, la cara se les transformó. Las puteadas sorprendieron a los más chicos, medio casi todo en pelotas aun. La cuarentena se terminó. Ya los granos no los tenemos más. Cacho, hacete la movida para ir cada uno a su casa. Y los que podamos, si estamos bien, a buenosaire a despedir al General.
Al otro día, a primera hora, previa alta del médico, cada uno a su casa. Los más grandes, bondi a Baires. Una semana después, los viajeros eran héroes. Viste, se fueron a despedir a Perón. Para muchos profes, la Coneja, el rector Alvarez y otros varios más, eran subversivos en potencia. Claro, estos aplaudian al tractorazo que un día se hizo en el pueblo (porque siempre sacaron los hanomag cuando había un gobierno popular). Para muchos, esos de sexto o quinto, fueron, en silencio, más grandes que Superman.
¿Cuarentenas? Las de antes, papá.
Eduardo Scazzino 

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