Sótanos

Contratapas 25 de abril de 2018 Por
Contratapa de la edición impresa de La Tribuna del Sur, del sábado 21 de abril de 2018.
OJO

Son varios los lectores que me piden dejar de lado los temas políticos, y ocupar esta contratapa con relatos relacionados con lo que en una época, llamamos las Historias Fantásticas de Rufino. “Cuente Hache aquel asunto del esqueleto humano que una vez encontraron en el sótano del Club Social, usted ya escribió algo sobre ese asunto hace mucho”, me dice un lector. Es cierto, son historias de la era antediluviana del pueblo, cuando Rufino tenía clima seco y napas bajas, lo que permitía la existencia de sótanos. Había un Rufino de arriba y otro Rufino de abajo en esos tiempos. Y seguramente, como imaginarán, era mucho más interesante lo que pasaba bajo la superficie.
Pero vamos al asunto, que tiene que ver con otra cuestión sobre la que también me piden insista, aquella crónica de las puertas del infierno, que tantos problemas me trajo en su momento.
Lo del esqueleto en el ya inexistente sótano del Club Social, ocurrió hace unos cuarenta y pico de años. El hallazgo de los huesos, calavera incluida, produjo bastante revuelo y los que peinan canas deben recordarlo. Para la iden-tificación del cadáver no hizo falta recurrir a la policía científica, entre otras cosas porque no existía, y alcanzó una breve inspección de la calavera para confirmar que el muerto era el viejo Yiyito. El hombre era conocido por sus dotes de asador, y deambulaba de parrilla en parrilla asando a domicilio por unos pocos pesos, y unos muchos vasos del tinto que le pusieran delante. El humo de la parrilla le hacía lagrimear un solo ojo, porque el otro era de vidrio. Decían en aquellos tiempos que la pérdida del ojo fue consecuencia de una pelea, por una cuestión de faldas en su juventud. Pero esa es otra historia. El asunto es que Yiyito desapareció de un día para el otro. Y tiempo después ocurrió lo del hallazgo en el sótano del Social. Pasado el susto, uno levantó la calavera y escuchó un ruido raro, como a sonajero. Adentro estaba el ojo de vidrio. Dos más dos cuatro, el finado era Yiyito, caso cerrado. Cómo llegó hasta ahí, y por qué pasó al otro mundo en ese sótano que ya no se usaba, quedaron como incógnitas sin explicación lógica alguna. Pequeño detalle, la entrada al sótano estaba cerrada por fuera con un candado, que se encontró intacto. Y ahí empieza la verdadera historia.

Quien me contó lo que relataré a continuación, hace tiempo hizo su último viaje por Lorenzetti al fondo. Así que debo confiar en mi memoria para transmitir su versión de los hechos. Este tipo, ya hace unos veinte y pico de años cuando escribí la primera contratapa sobre Yiyito, me paró un día por la calle y me aseguró conocer la verdad sobre la desaparición del viejo. Trataré de reproducir su testimonio palabra por palabra, lo más fidedignamente que me permita el Alzheimer.
“Mirá Hache, yo sé que te parecerá raro lo que te voy a decir, pero a vos te interesa ese asunto y te lo tengo que contar. Yo no era amigo de Yiyito, porque el viejo no tenía amigos. Pero nos encontrábamos en los asados y cada tanto hablábamos de la vida. La noche que desapareció yo lo ayudé a limpiar la parrilla, y nos fuimos juntos. Andaba raro, como pensativo. Mientras caminábamos me dijo que ya se sentía viejo y que no le tenía miedo a la muerte. Pero no quería que la parca lo viniera a buscar, estaba obsesionado con eso, él quería irse solo y repetía que al infierno iba a entrar por sus propios medios. Esa noche nos despedimos en la esquina de Italia y Cobo, él cruzó para la plaza y no lo ví más. Estoy seguro que encaró para la puerta del infierno. Algo pasó ahí abajo, se habrá perdido, o era demasiado bueno y lo mandaron para otro lado. Por ahí erró la salida y terminó embocando el sótano del Social, no sé. Yo fui uno de los que encontró el esqueleto. Mirá....”, dijo y sacó algo del bolsillo.
La esfera de vidrio se iluminó entre sus dedos, despidiendo leves fulgores rojizos. “Este ojo, Hache, vio cosas que no son de este mundo”, me dijo el tipo. Y pegó media vuelta para alejarse con paso apurado.

Te puede interesar

Te puede interesar