CONTRATAPA: Errores

Contratapas 03 de marzo de 2017 Por
Contratapa Edición sábado 25 de febrero de 2017
Cont.Ent.25 Feb.

Como todo el mundo sabe, las altas temperaturas provocan un acentuado agravamiento de las psicosis, las neurosis, las manías persecutorias, los traumas y las fobias. En fin, los locos no se llevan bien con el calor. Y como no soy la excepción a la regla, desafío la canícula y me voy para lo de mi sicólogo. Para colmo perdí la tablet y no puedo mirar el pronóstico climático.
La siesta está brava y como la neurociencia ha comprobado, el calor achicharra los sesos y pone los nervios de punta. Apuro el paso y llego todo traspirado al consultorio de mi sico. Me recibe una bocanada de aire helado, tiene el acondicionador al taco y la secretaria está lo más tranqui con un pullovercito, y chateando por el feibuc.
La rubia me mira de reojo y mientras mete la tablet bajo el escritorio, me dice que el doc ya me atiende. Disculpame, le digo, pero yo a esa compu la conozco, ¿no es la que me olvidé acá la semana pasada? Es igualita, la misma marca, la misma funda. La miro serio, como para que se de cuenta que la descubrí y que no me gusta nada que me haya querido afanar la tablet.
“Hayyyyy Hache...., sí es esta. Pero fue un error, viste. Lo bueno es reconocer los errores. Además acá está, sanita, igual como la dejaste. Tomá, listo, volvamos todo a fojas cero”, me dice casi degollándose con una sonrisa e inclinándose hacia adelante provocativamente. Y me devuelve la compu que, casualmente, queda muy cerquita de sus pechos. Está bien, murmuro mientras el doc abre la puerta del consultorio y me hace una seña para que pase.


Me siento frente a mi sicólogo y le cuento lo que pasó. Doc, su secretaria se quiso afanar mi tablet.
“Pero mi querido Hache, en que país vivís. Se trató de un error, una equivocación, un acto de torpeza a lo sumo. Todo se arregla volviendo para atrás, a fojas cero y acá no ha pasado nada. Bueno, ahora contame que te anda pasando”, me responde sacando la pelota de la cancha. Pero bueno, al final a eso vine, para que discutir.
Mire doc, ando confundido y la verdad que el calor no me permite razonar profundamente sobre algunos temas. Vio ese asunto del Correo, después lo de las rutas aéreas que le dan a la empresa del presi, ese otro problema del peaje con aumento para las concesionarias de la familia del Mauri..., no sé, me tienen mal esas cosas, me deprimen, me angustian..., ¿usted cree que son errores?, profesionalmente hablando digo, usted que conoce la siquis humana.


Piensa unos segundos y me mira fijo. “A ver Hache, ¿vos sos boludo o te hacés? Estos muchachos nacieron contando billetes. Le pueden errar cuando le tiran a una mina y decirle justo lo que no le tenían que decir, o equivocarse en una bocacalle y mandarse contramano. ¿Pero equivocarse cuando se trata de la guita...? Además observá un detalle importante desde la óptica lacaniana, siempre se equivocan para el lado de ellos, ¿entendés?”, recita casi sin respirar.


Le contesto que por ahí tiene razón. A lo mejor yo soy un poco ingenuo. Pero, le recuerdo, recién me dijo que comprendiera lo de la secretaria y mi tablet, que había sido un error. ¿Cómo es eso?
“Bueno Hache, eso es parte de la terapia. Tomalo como una especie de test. Es una técnica de la nueva escuela analítica finlandesa, para determinar el grado de credibilidad que el terapeuta tiene ante el paciente”, me responde muy serio.


“Bueno Hache, disculpame pero nos vamos con mi secre a hacer un poco de pileta, está brava la tarde. Son quinientos pesos”, agrega cortante.
Le doy un billete de quinientos y al instante, me acuerdo que la semana pasada me cobró trescientos. Se lo digo al toque, pero ya se metió el quinientón en el bolsillo
“Ah... disculpame, fue un error. Volvamos a fojas cero, te debo doscientos”, me responde mientras agarra el bronceador y me señala la puerta.

H.B.
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