AUTOPISTA 33: Lo que hay que saber

Regionales 08 de octubre de 2018 Por
Negociaciones en curso, para compatibilizar crisis y «déficit cero» con los proyectos adjudicados.
AA33

Representantes de la empresa adjudicataria de la autopista 33 entre San Eduardo y Rosario, dijeron a un funcionario venadense, ante el ministro de obras Públicas de Santa Fe, que «no será autopista sino autovía». Días después y quizás como consecuencia del malestar entre dirigentes de Cambiemos de la región, la administradora de Vialidad nacional informó a La Capital de Rosario que «los contratos están firmados», y que «las empresas que no los cumplan serán multadas». ¿Qué está sucediendo entonces? A primera vista es evidente que las empresas adjudicatarias, tanto para el tramo San Eduardo-Rosario en el plan de Participación Público Privada (PPP), como la del tramo Rufino-San Eduardo, no parecen hoy dispuestas a construir la autopista 33, al menos con los presupuestos vigentes en los contratos firmados. Esos contratos preven cláusulas de actualización por «mayores costos». Pero los contratos son previos a la debacle, y la crisis económica macrista excedió todas las previsiones. Según algunos, las empresas necesitarían actualizaciones de costos de entre el 40 y el 50 por ciento para iniciar las obras. Y esto sucede cuando en el marco del PPP las empresas necesitan financiación, posibilidad muy reducida en la actual situación. Esas reducidas posibilidades achicarían también la magnitud del proyecto, por eso hablan de una «autovía» entre San Eduardo y Rosario.

En el tramo Rufino-San Eduardo la realidad es otra, ya que la adjudicación a Supercemento-Cartellone se dio en el marco de una licitación tradicional. Es decir, es el estado nacional el que pone la plata. «Si la inflación para este año se estima entre un 40 y un 50 por ciento, no es descabellado que la empresa solicite al menos esa actualización de costos para iniciar la obra», dijo a La Tribuna del Sur un conocedor del tema, teniendo en cuenta que la propuesta de Supercemento fue presentada en julio del año pasado. Pero esa pretensión de Supercemento se daría de frente con el «déficit cero», exigido por el FMI.
Si bien los tramos Rufino-San Eduardo y San Eduardo-Rosario enfrentarían obstáculos distintos (con el mismo telón del fondo de la crisis), el primero falta de presupuesto y el segundo escasa financiación, están estructuralmente ligados. Y es muy difícil sino imposible, que se construya una autopista de Rufino a San Eduardo, y una autovía desde allí a Rosario. Si la situación descripta se corresponde con la realidad, la dirigencia política e institucional de la región, que luchó incansablemente por la autopista durante años, enfrenta una situación complicada de resolver. El negacionismo del «se va a hacer» y sentarse a esperar que «corran los alambrados», puede ser fatal. Como también lo es la resignación del «ya fue, no van a hacer nada». Por estos pagos, tan cercanos a Dios y tan lejanos de Buenos Aires, nunca nada se consiguió sin pelear. Lo mismo podría decirse de la ruta 7 cortada por la La Picasa, pero esa es otra historia.

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